iPod
Cuando Apple iPod apareció a principios de los 2000, mucha gente pensó que era simplemente “otro reproductor MP3 bonito”.
Lo que nadie imaginaba era que terminaría cambiando la manera en que millones de personas descubrían música electrónica, armaban playlists y prácticamente vivían con audífonos pegados 24/7.
Antes del iPod, cargar música significaba andar con CDs rayados, carpetas llenas de discos grabados o reproductores que parecían ladrillos tecnológicos. Pero Apple llegó diciendo “mete mil canciones en tu bolsillo” y medio planeta respondió con una billetera llorando. De repente, DJs, clubbers y fanáticos de la electrónica podían cargar sesiones completas, sets descargados de foros y compilados trance larguísimos sin tener que escoger qué CD sacrificar para el camino.
El famoso scroll wheel terminó convirtiéndose en una obsesión. Había gente navegando playlists con la velocidad de un hacker profesional mientras sonaban artistas como Tiësto, Paul Oakenfold o Armin van Buuren durante viajes nocturnos que parecían videoclips emocionales de MTV.
Y aunque hoy el streaming domina todo, el iPod dejó una marca gigante en la cultura musical. Fue el dispositivo que enseñó a toda una generación a organizar bibliotecas musicales enormes, obsesionarse con bitrate y sentirse DJ solamente por hacer playlists con nombres dramáticos como “Progressive Night Session Vol. 7”.
Sí, hubo una época donde tener un iPod Classic lleno de música electrónica era prácticamente un símbolo de estatus underground.


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