Cuando Homework cambió la pista
En 1997 la música electrónica todavía estaba buscando su lugar fuera del underground, y entonces Daft Punk apareció con un disco llamado Homework que sonaba más a fiesta sudada que a estrategia comercial.
No era elegante, no era perfecto y no intentaba gustarle a todo el mundo. Justamente por eso funcionó.
El álbum nació en plena efervescencia de la escena francesa, cuando París y sus alrededores hervían de raves ilegales, clubes improvisados y productores que preferían un sampler barato antes que una gran disquera. Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homem-Christo venían de ese caldo de cultivo, y Homework fue literalmente eso: el resultado de horas y horas de prueba, error y volumen alto.
Tracks como “Da Funk” y “Around The World” no solo se colaron en clubes, sino que empezaron a sonar en radios que hasta ese momento miraban la electrónica con desconfianza. La fórmula era simple pero demoledora: loops insistentes, bajos gordos y una actitud que decía “esto es música de club, tómalo o déjalo”. No había grandes letras ni estructuras complejas, pero sí una energía que conectaba directo con la pista.
Lo interesante es que Homework no intentó suavizar la electrónica para el público masivo; hizo exactamente lo contrario. Llevó el sonido crudo del house y el techno a un escenario global sin pedir permiso. A partir de ahí, muchos sellos entendieron que la electrónica podía vender sin perder identidad, y muchos productores se animaron a no disimular su raíz de club.
Hoy, casi tres décadas después, Homework sigue sonando actual. No porque sea moderno, sino porque fue honesto con su tiempo y su contexto. Un disco que no buscó hacer historia, pero terminó cambiando la forma en que el mundo miraba la música electrónica… y la pista de baile nunca volvió a ser la misma.


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